"Despues de haber casi destruuido a Bolivia, Carlos Mesa, Galindo y compañia han dejadno finalmente el Palacio Quemado. Se han ido - por decirlo con extrema suavidad - de una forma deplorable. Aferrados con uñas y dientes al gobierno, urdieron hasta el ultimo minuto planes de contingenencia para quedarse con el, sin limites eticos de ninguna naturaleza, bebiendose hasta el el ultimo trago de la dignidida hace rato perdida.
El creco al Congreso. el uso artero para ese efecto de cooperativistas mineros armados de
dinamita - viejos aliados de Mesa desde el operativo Fonvis en el que estubieron en juego varios millones de dolares - la convocatoria presidencial, a traves de todos los medios de comunicacion, al desacato civil a la constitucion y a las leyes para evitar la sucesion; la huelga de los trabajadores de AASANA justo en el momento preciso; el ¿olvido? de l abanda y de la medalla presidenciales que permanecerion en La Paz a pesar de que todo el mundo sabia que la transmision del mando iba a producirse en Sucre, y, como no, el caracteristico afan de
protagonismo puesto de manifiesto de Mesa hasta en sus ultimos minutos como Presidente, solo para opcacar a su sucesor, Eduardo Rodriguez, son, todos ellos, segun criterio generalizados en los circulos de opinion, los componentesde una compleja trama politica y sicologica, donde se mezclan resentimiento, el miedo y la ambision en dosis patologicas.
No han sido maniobras - que por cierto han cobrado una vida - destinadas a evitarsolo la asuncion de Hormando Vaca Diez a la Presidencia de la Republica, como quiso hacer creer el poder ejecutivo, sino la de todos los hombres de la linea de suceion constitucional, incluido Eduardo Rodriguez mediante el colapso del Congreso y su capitulacion frente a los cooperativistas mineros. El plan consisitia, segund todos los indicios , en impedir que el Congreso se reunieroa y aceptara la renuncia planteada por Mesa. Si esto hubiera ocurrido, este habira podido justificar el retiro de su renuncia y quien sabe hasta el cierre del Congreso, acciones que habia estado considerando, junto a otras igualmente insensatas, casi desde el mismo momento que habia renunciado a la Presidencia de la Republica en uno de sus habituales altibajos animicos.
Mientras en Sucre los parlamentarios huian y se escondian ante el asedio de los cooperativistas mineros, llegados en camiones desde Orudo, en Santa Cruz, el canciller Ignacion Siles, sostenia una reunion en el centrico hotel de esa ciudad, con los enviados especiales de las Naciones Unidas y de los gobiernos de Brasil y Argentinaa los cuales explicaba, segun testigos, la imposibilidad de que el Congreso se reuniera en las circunstancias que vivia la Republica, ni en SUcre ni en ninguna parte, y que, por lo tanto, era imperioso que Mesa retirara su renuncia para llenar el vacio de poder existente. Se ignora lo que dijeron sus interlocutores sobre este aspecto, pero enterado Siles, al cabo de pocos minutos, de la renuncia de Vaca Diez a la sucension, el Canciller reacciono indignado, montado en colera, como si la actitud del Presidente del Congreeso no hubiera sido lo que el gobierno, por lo menos aparentemente, buscaba.
El siniestro pla n estubo a un paso de complirse. No ocurrio asi por que, tal vez, enterados de el, los presidentes de las camaras legislativas decidieron, a pesar de todo, reunir al Congreso, renunciar a la sucecion y dar viabilidad a la llegada del Presidente de la Corte Suprema de Justicia a la jefatura del gobierno.
Existen versiones de fuentes empresariales de que ante la frustracion inminente del plan, Mesa habira llamado por telefono a Eduardo Rodriguez, instandole a no acep
tar la sucecion si esta caia en sua manos. Sea esto ciero o no, todos los actos finales del gobierno de Mesa revelan un grado tan alto de desesperacion ante el hecho de que el poder se escurria como agua entre las manos, que no se puede descartar nada. Quizas, en el profundo interior del haste entonces Presidente, bullia el sentido certero e irremediable del fracaso que su irreprimible vanidad - una hoguera de vaniada que lo llevo a traicionar a sus amigos y a si mismo -, no podia aceptar. Es posible que en esos momentos pensara que bien valia la pena arrastrarse por el suelo un poco mas - total, ya lo habia hecho tantas vecer - para no irse a su casa cargado de sueñños de grfandeza convertidos en polvo"
** Este es un capitulo del libro: El Gobierno de las Masas escrito por Irving Alcaraz
** Los puntos de vista del autor no reflejan necesariamente los puntos de vista de los miembros de acalascosas.blogspot.com
El creco al Congreso. el uso artero para ese efecto de cooperativistas mineros armados de
dinamita - viejos aliados de Mesa desde el operativo Fonvis en el que estubieron en juego varios millones de dolares - la convocatoria presidencial, a traves de todos los medios de comunicacion, al desacato civil a la constitucion y a las leyes para evitar la sucesion; la huelga de los trabajadores de AASANA justo en el momento preciso; el ¿olvido? de l abanda y de la medalla presidenciales que permanecerion en La Paz a pesar de que todo el mundo sabia que la transmision del mando iba a producirse en Sucre, y, como no, el caracteristico afan de
protagonismo puesto de manifiesto de Mesa hasta en sus ultimos minutos como Presidente, solo para opcacar a su sucesor, Eduardo Rodriguez, son, todos ellos, segun criterio generalizados en los circulos de opinion, los componentesde una compleja trama politica y sicologica, donde se mezclan resentimiento, el miedo y la ambision en dosis patologicas.
No han sido maniobras - que por cierto han cobrado una vida - destinadas a evitarsolo la asuncion de Hormando Vaca Diez a la Presidencia de la Republica, como quiso hacer creer el poder ejecutivo, sino la de todos los hombres de la linea de suceion constitucional, incluido Eduardo Rodriguez mediante el colapso del Congreso y su capitulacion frente a los cooperativistas mineros. El plan consisitia, segund todos los indicios , en impedir que el Congreso se reunieroa y aceptara la renuncia planteada por Mesa. Si esto hubiera ocurrido, este habira podido justificar el retiro de su renuncia y quien sabe hasta el cierre del Congreso, acciones que habia estado considerando, junto a otras igualmente insensatas, casi desde el mismo momento que habia renunciado a la Presidencia de la Republica en uno de sus habituales altibajos animicos.
Mientras en Sucre los parlamentarios huian y se escondian ante el asedio de los cooperativistas mineros, llegados en camiones desde Orudo, en Santa Cruz, el canciller Ignacion Siles, sostenia una reunion en el centrico hotel de esa ciudad, con los enviados especiales de las Naciones Unidas y de los gobiernos de Brasil y Argentinaa los cuales explicaba, segun testigos, la imposibilidad de que el Congreso se reuniera en las circunstancias que vivia la Republica, ni en SUcre ni en ninguna parte, y que, por lo tanto, era imperioso que Mesa retirara su renuncia para llenar el vacio de poder existente. Se ignora lo que dijeron sus interlocutores sobre este aspecto, pero enterado Siles, al cabo de pocos minutos, de la renuncia de Vaca Diez a la sucension, el Canciller reacciono indignado, montado en colera, como si la actitud del Presidente del Congreeso no hubiera sido lo que el gobierno, por lo menos aparentemente, buscaba.
El siniestro pla n estubo a un paso de complirse. No ocurrio asi por que, tal vez, enterados de el, los presidentes de las camaras legislativas decidieron, a pesar de todo, reunir al Congreso, renunciar a la sucecion y dar viabilidad a la llegada del Presidente de la Corte Suprema de Justicia a la jefatura del gobierno.
Existen versiones de fuentes empresariales de que ante la frustracion inminente del plan, Mesa habira llamado por telefono a Eduardo Rodriguez, instandole a no acep
tar la sucecion si esta caia en sua manos. Sea esto ciero o no, todos los actos finales del gobierno de Mesa revelan un grado tan alto de desesperacion ante el hecho de que el poder se escurria como agua entre las manos, que no se puede descartar nada. Quizas, en el profundo interior del haste entonces Presidente, bullia el sentido certero e irremediable del fracaso que su irreprimible vanidad - una hoguera de vaniada que lo llevo a traicionar a sus amigos y a si mismo -, no podia aceptar. Es posible que en esos momentos pensara que bien valia la pena arrastrarse por el suelo un poco mas - total, ya lo habia hecho tantas vecer - para no irse a su casa cargado de sueñños de grfandeza convertidos en polvo"** Este es un capitulo del libro: El Gobierno de las Masas escrito por Irving Alcaraz
** Los puntos de vista del autor no reflejan necesariamente los puntos de vista de los miembros de acalascosas.blogspot.com
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